Quince profesionales (entre ellos, los narices más importantes del mundo) comparten con nosotros sus reflexiones sobre un oficio que para muchos es un arte, para otros una huella de civilización y, para todos, una manera de expresarnos sin tener que emplear palabras.

Serge Lutens, sobre los recuerdos

La memoria es lo más importante del ser humano, pero tiene algo malo: propicia la nostalgia. En mis perfumes están mi ira, mis dudas, los momentos en los que pierdo el equilibrio… Mis perfumes lo revelan todo, son como una sesión freudiana. En ellos hay conflictos, pero siempre una sonrisa de fondo.

Alberto Morillas, sobre la paciencia

Esto es un proceso que se puede alargar años. He llegado a repetir mil veces una fórmula, cambiando los porcentajes, para al final decidir que la tercera prueba era la buena. Lo importante es no perder nunca la ilusión, disfrutar como el primer día. Nuestro trabajo es sublimar a la Naturaleza. Por ejemplo, fragancias tan conocidas como la de la glicina o la del lirio son ‘sordas’ es decir, no se les puede extraer su olor porque la flor no tiene esencia, pero nosotros las recreamos en el laboratorio.

Françoise Caron, sobre la publicidad

El marketing es bueno para innovar, no para crear. Son dos mundos diferentes. Cuando creas, haces algo que no existe. Propones algo único. Cuando innovas, coges algo que ya estaba en el mercado y lo mejoras. Lo nuestro es contar historias.

Francis Kurkdjian, sobre la novedad

Detesto que cuando alguien va a comprar a la perfumería no pregunte qué hay de interesante, sino qué hay de nuevo. No me siento muy cómodo con las redes sociales, pero son útiles para las marcas independientes. No me hago selfies, no me gusta explicar nada de mi vida. La perfumería no es como la moda, no es tan visual. No puedes atrapar la sensación del jazmín en una imagen. Mi maestro fue Jacques Cavalier, él abrió puertas a muchos creadores jóvenes. Hoy los influencers desbancan a los profesionales. Venden la idea de que todo el mundo puede crear un perfume, y no es así.

Jean-Claude Ellena, sobre el amor

El día de la compra no hay que probar demasiados perfumes. Dos o tres como mucho. Tomarse su tiempo. Elegir con calma, y después llevarlo con mucha confianza en uno mismo. Si es el nuestro, ni nos tendremos que acordar de ponérnoslo, será un gesto instintivo. No tengo ningún aroma preferido, a día de hoy. Cuando era joven y no sabía nada de perfumería, me gustaba todo. Me enamoraba de todo. Me pasaba lo mismo con las mujeres. Me gusta redescubrir algo siempre nuevo en los olores y en las personas, y así uno no se aburre nunca.

Dominique Ropion, sobre las flores

Suelo comparar las flores más importantes -como el jazmín- con los colores primarios. Su composición es tan perfecta que sirven de canon y de referencia, con un prodigio de perfección. Permiten un análisis fascinante.

Carlos Benaïm, sobre los olores favoritos

Mi primer aroma es el recuerdo de la cocina de mi abuela, en Tánger: canela, limón y azúcar. Mis olores favoritos siguen siendo el iris (tan elegante), los dulces y los pasteles mientras se están cocinando (soy goloso), la fruta (especialmente el melocotón, la mora, la frambuesa), el tabaco (que me recuerda a mi abuelo) y el perfume que llevaba mi madre, Mitsuoko, de Guerlain.

Camille Goutal, sobre la herencia de nuestros Padres

Nuestros seguidores tienen un amor incondicional a la marca que creó mi madre, Annick. Nuestras fragancias han pasado la prueba del tiempo porque hablan a las mujeres, les mandan mensajes de fortaleza y respeto. Esta casa nació como una vocación y un gesto de amor al oficio, y creo que nuestros clientes lo notan.

Olivia Giacobetti, sobre el instinto

En buena parte del proceso trabajas siempre solo. Es una labor artesanal, especialmente en nuestro nicho, que podríamos llamar ‘perfumería slow’. Nos dejamos llevar por el instinto, por el patrimonio inconsciente de recuerdos que llevamos con nosotros. Con un perfume, uno puede soñar convertirse en otro. Hay tímidas que llevan ‘Fracas’, y muchas mujeres extremadamente femeninas prefieren perfumes de hombre. Hay que ser valiente y elegir aquello que te emociona.

Mathilde Laurent, sobre el prestigio del oficio

En las últimas décadas nuestro trabajo se ha visto desacreditado. Cuando Poiret o Coco Chanel empezaron a crear perfumes, su posición era real y comprometida: esas creaciones complementaban un estilo, un look, encapsulaban la visión de estilo de esa firma. Hoy todas las marcas quieren lanzar perfumes, aunque no tengan una mirada propia que las legitime. Lo ven solo como una herramienta de promoción; saben de que es una forma fácil de que el público conozca su nombre, con un coste menor. Algunas lo han hecho muy bien, con respeto y talento, pero en otras solo hay ambición, y ninguna pasión por el mundo del perfume. No hay alma. Son lanzamientos coherentes con el mercado, pero no con la historia de esa firma.

Maurice Roucel, sobre la perfumería en EE.UU.

Con algunas excepciones luminosas como -entre otros- Estée Lauder o Tom Ford, el oficio en Estados Unidos se ha infantilizado. No hay sofisticación ni valor añadido, los perfumes son afrutados, directos, sin segundas lecturas. Esa corriente ha llegado a Francia, y viceversa: las marcas nicho se están sobreexponiendo en Norteamérica.

Sara Carner, sobre la madera

Aunque cada perfume tiene una personalidad especial y distintiva, todos los perfumes de Carner tienen en común la madera. Son perfumes de base amaderada, cálidos y elegantes. Todas nuestras creaciones son especiales para mí, porque hablan de mi vida o mi personalidad, pero si tuviera que escoger uno, me quedaría con Tardes. Es una perfume inspirado en las tardes de verano de mi infancia: los campos de trigo rodeados de almendros, el sol que se esconde detrás de las montañas, los geranios y flores silvestres….

Ramón Monegal, sobre la personalidad

Esto es un arte, sí. ¡Se trata de comunicar! Tú eres como hueles y hueles como eres. A veces he seguido perfumes por la calle para verificar si correspondían al tipo de persona que me sugería, ¡y suelo acertar! Hoy día, la línea entre masculino y femenino se desdibuja, interesa la actitud. El olor del amor es el jazmín, o el pachulí. El de la solemnidad, el incienso. El de la fuerza, las maderas. El de la inteligencia, la bergamota. Mi olor favorito es el de la raíz del iris, el lirio de Florencia. Huele a tierra, polvo, flor… inclasificable.

Ben Gorham, sobre la tradición

Lo primero que aprendí al empezar a trabajar en esta profesión es que hay un pedigrí en la industria. El perfume en Francia es casi una cuestión de estado, y hay una jerarquía que no te puedes saltar. Tienen el talento y el refinamiento, pero en algunos aspectos yo pensaba que estaban algo estancados. Para mí, la clave era simplificar. En vez de emplear setenta materias para una fragancia, intenta reducirlas a diez. No sé si tiene que ver con el ethos sueco, con mi parte nórdica minimalista, pero yo quería perfumes claros. El resultado te gusta o no, sin más. El packaging nos ayudó a expresar esa idea de pureza. Supe que nunca iba a poder aprender tanto como los artesanos perfumistas, así que me rodeé de los mejores profesionales, e intenté inspirarlos hacia la dirección adecuada.

Kilian Hennessy, sobre la llamada de la vocación

Trabajé en moda muchos años. Una tarde, paseando por París, pasé por delante del Baccarat Museum, que exhibía una muestra de botellas artesanales. Me quedé hipnotizado por la fuerza de aquella maestría, del perfeccionismo, de un tipo de lujo silencioso y elegantísimo. La atención al detalle me fascinó. Esto es lo que mi cliente merece, pensé. Al día siguiente cancelé la cita que tenía con el que iba a ser mi empleador, y decidí empezar mi propia compañía.

(Artículo de Marta Dominguez, publicado en la Revista Regia)

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