Regalando… oro, incienso y mirra, por Ramon Monegal

por Regia

Las experiencias personales son el combustible que hace que nuestro motor, el cerebro, esté siempre activo y nos permita ir un poco más allá. Sin ir más lejos, el otro día y sin saber porque ni venir a cuento, mi hija Laura me lanzó una pregunta inocente, que merecía pausa, comprensión y una buena reflexión: “¿por qué regalamos tanto perfume en estas fechas de Navidad?

Creo, si no me equivoco, que desde que tengo uso de razón he presenciado como la cosa más natural del mundo el regalar un perfume en fiestas y celebraciones, de la misma manera que se hacía con bombones, flores, corbatas, bolsos, relojes, joyas, etc. También es verdad, que así como en la antigüedad el perfume era considerado como un lujo insolente, hoy podemos considerar que de todos los lujos conocidos, el perfume es posiblemente el lujo más asequible que existe, y esta ya es en sí una buena razón para ser siempre un buen candidato a regalo.

En nuestra específica cultura tradicional, las fiestas religiosas han ido siempre bien acompañadas de buenas celebraciones, que comportan a menudo el hecho de regalar. Es evidente que la celebración del día de Reyes junto más recientemente a la celebración del día de Navidad son posiblemente el paradigma por excelencia del regalo y como tal también del perfume.

Quizás hay que retroceder a tiempos remotos y de mano de la Biblia para reflexionar sobre un hecho remarcable que puede ser, en nuestra cultura y liturgia cristiana, la explicación a la tradición de regalar olor o perfumes: según Lucas y Mateo en el Nuevo Testamento narran que cuando nació Jesús, el Rey de los Judíos, tres hombres sabios venidos de oriente, también conocidos como Reyes Magos, fueron en su busca para reconocerlo, adorarlo y obsequiarle, con sus mejores tesoros… cofres de Oro, Incienso y Mirra. ¡Dos olores y el metal más preciado al mismo nivel! ¿Casualidad? ¿Improvisación? ¿Márquetin?… No creo.

Para seguir es obligado profundizar sobre este hecho, que para mí es el “quid” de la cuestión. El Incienso y la Mirra son dos resinas que al quemarse desprenden humo muy oloroso, muy aromático, muy perfumado, por lo que eran muy utilizadas en ritos religiosos, cultos, ceremonias y por supuesto en la elaboración de perfumes reales. La resina se extrae de la planta, por exudación natural o provocada por incisión. El incienso se obtiene del árbol Boswellia Carterii, de la familia Burseráceas, se encuentra en estado salvaje y puede provenir del sur de Arabia, Somalia (mi preferida) o también de China y Oriente Medio.

La Mirra, prima hermana del Incienso por su olor y valor similar, se obtiene de la especie Commiphora Myrrha, también de las Burseráceas, en Somalia y otras regiones de África. Es curioso que a lo largo de la historia haya constancia que desde egipcios, griegos, romanos o árabes… hasta chinos, mayas o aztecas, todos quemaron incienso y mirra además de otras resinas y materias, como ofrenda a sus deidades.

Cuando la idea de la globalización no era ni tan siquiera imaginable todas estas culturas tenían un punto en común: el altísimo valor espiritual del olor de las resinas quemadas como ofrenda, cuyo valor material solo era comparable al del oro.

De la ofrenda al agasajo, celebración, convite, presente, obsequio y regalo, es el camino que paso a paso ha ido recorriendo el olor y el olor transformado en perfume al irle añadiendo nuevos ingredientes en forma de maderas, hojas, flores o ingredientes animales.

El Incienso y la Mirra representan posiblemente el inicio de este largo camino, que ha llegado hasta nuestros días a través de diferentes legados. No creo que sea el azar el responsable de que sea así, más bien especulo que debe ser el “mensaje” de su olor y la asociación que se ha hecho de él, lo que lo hace trascendente, imperecedero y deseable. Aunque para ser justos debo añadir otras resinas como el Styrax, Opoponax, Benjuí, Labdanum Cistus, Gal banum, Elemí etc. que también comparten “significado” y méritos. Siguiendo con mi especulación, pienso que por su origen vegetal, al olor asociado a tronco y savia, podría encontrarle valores de fortaleza, protección, energía, vitalidad, subsistencia… pero en este caso, además, me inclino sobre todo por su significado cultural tan marcado, donde representan poder, presencia, solemnidad, espiritualidad, magia, purificación, conciencia, reflexión… pudiendo llegar a representar incluso introversión, integridad, imaginación o inteligencia. Es mi forma de descifrar el mensaje del olor del ingrediente, es mi forma de escogerlo como integrante de mi composición, y es quizás también mi forma de entender el valor intrínseco del perfume como obsequio preciado.

Así, el Incienso y la Mirra ya sea en forma de resinoide o aceite esencial destilado, en pareja o bien acompañados por otras resinas, podremos encontrarlos con sus valores en mi colección de perfumes en propuestas como “CUIRELLE” y “MON CUIR” porque ayudan muy bien a construir la imagen olfativa presencial del cuero, tan importante en mi imaginario, en “UMBRA” para dar pureza espiritual a las raíces terrosas de vetyver, en “NEXT TO ME” porque representan el poder y la magia del nuevo Oriente, donde he descubierto el verdadero valor y poder del perfume, y finalmente en “ALHAMBRA OUD”, “OUD ON FIRE” o “SOUL OF OUD” donde catalizan la también solemne y poderosa imagen olfativa del oud hacia una vertiente más purificante y espiritual.

Pero vuelvo a la realidad del tema que nos incumbe, vuelvo para intentar encontrar la razón del por qué decido regalar un perfume o por qué un perfume es un buen regalo. Existe, para mí, una razón irrelevante: al contrario de lo que todo el mundo piensa, no es la industria con sus inversiones multimillonarias lo que ha convertido al perfume como regalo estrella de estas fiestas (entre los tres primeros no infantiles). Hay que girarlo, es el perfume como regalo cultural tradicional lo que ha hecho invertir a la industria cifras astronómicas o desproporcionadas en todo  los medios para que sean sus firmas y marcas las escogidas por profesionales o clientes, y es por desconocimiento o falta de educación olfativa, que a base de comprar más visibilidad y más popularidad, se consigue comprar credibilidad y seguridad para vender más. Al final la industria se juega el cierre del año económico en la denominada campaña de Navidad, donde puede llegar a facturar más del 30% de su cifra anual. Pero las promociones, estuches de regalo o inversiones publicitarias solo sugieren productos en concreto pero en ningún caso son los responsables o la razón relevante de la “decisión” de regalar perfume.

Una vez tomada la decisión de regalar perfume auna persona podemos optar por tres desenlaces: primera, regalar el mismo perfume que ya sabemos que usa normalmente y así no nos equivocamos; segunda, apostar por la última novedad temporal en tendencia, publicitada por la industria de la moda, así nos desentendemos de la elección, o tercera sorprender al afortunado, en connivencia con el asesor profesional y buen conocedor de la perfumería de autor independiente, con una propuesta alejada de tendencias afín a su personalidad e imagen olfativa. Si es en forma de perfume extracto, eau de parfum, eau de toilette, agua fresca, o colonia es otro tema.

Convivimos con la problemática de la falta de normativa legal a la hora de diferenciar las denominaciones, normativa que algún día tendremos que abordar seriamente como lo hizo en su día el sector del vino diferenciando legalmente las definiciones de año, crianza, reserva o gran reserva.

Para finalizar y bajo mi nada subjetiva forma de pensar, afirmo que regalar perfume es una buena decisión. Y para mí, la razón verdaderamente relevante y sobresaliente de que sea así, es que un perfume siempre suma, suma belleza, estatus, construye imagen olfativa, define personalidad, define actitud, trasmite mensaje… Es un verdadero placer para los sentidos, es un regalo de Rey de reyes y sobre todo porque es una tradición en nuestra cultura popular donde nos perfuman desde que nacemos, y nos acompaña en nuestra infancia, juventud, madurez y vejez, y además permanece en el recuerdo cuando hemos desaparecido.

Será por esta poderosa razón que nos sobrepasa, o será seguro por esta tradición que se forjó en origen con Oro, Incienso y Mirra….

 

[Artículo publicado por Ramon Monegal en la Revista Regia]

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